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Máscaras,
La Otra Cara de México
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La máscara, la otra cara, se encuentra en la cultura de la mayoría de los pueblos y en todas las épocas. Máscaras de variada índole, ceremoniales, rituales, funerarias, mágicas, abundan en los pueblos africanos, hindúes, tibetanos, polinesios, esquimales, indios americanos y en México, pues el  hombre en su largo peregrinar sobre la tierra, se ha afanado por descubrir su personalidad que manifiesta en una infinita gama de expresiones y como esto no le basta, para satisfacer su ambición de ser o sentir, aunque sea transitoriamente, lo que quisiera haber sido, ocurre al artificio de la máscara... la otra cara.

La máscara dice Oto Bihalji-Merin– es un símbolo de la habilidad proteica del hombre para transformarse y también como instrumento mágico para alcanzar sus deseos. La utiliza también con otros fines, no sólo para escapar, cambiar o modificar su personalidad, pues en los ritos funerarios, en las ceremonias religiosas, en las fiestas guerreras, en curaciones, exorcismos, brujerías, las usa profusa y variadamente para satisfacer un sentimiento místico o religioso, aunque resulta imposible marcar una línea divisoria entre lo religioso y lo profano, entre lo mágico y lo real.

No sería aventurado pensar que las primeras máscaras se usaron en el culto a los muertos, en los ritos funerarios, pues el hombre de la prehistoria seguramente encontró "incomprensible y abrumador el acto de la muerte, el enigma del destino humano".

En el mundo prehispánico existió un profundo sentimiento de culto a los muertos y en sus ceremonias fúnebres la máscara tenía importancia especial. En México, el perro, el escuintle común, lleva a cabo la misión de guiar al difunto hacia el mundo desconocido, usando una máscara de xolotl  que le confiere poderes sobrenaturales. Durante el dominio de los Cocom en Yucatán, se implantó la costumbre de hacer máscaras con resinas y las calaveras de los príncipes y nobles fallecidos.

Existen extraordinarias similitudes en la esencia de las máscaras, su inspiración y raigambre, así como un extraordinario parecido en las formas y los detalles aún cuando pertenezcan a culturas separadas por océanos y continentes.

Entre las coincidencias notables puede citarse la costumbre de algunas tribus del noroeste de Estados Unidos de destruir sus máscaras, como lo hacen las tribus coras del Estado de Nayarit, después de  terminar las ceremonias de Semana Santa. Esto puede ser mera coincidencia, pero quizá haya existido algún nexo lejano entre esas tribus o acaso sean ramas o descendientes directos unos de otros. En algunos lugares de México, al igual que en ciertas tribus de Norteamérica, las máscaras son propiedad de la familia y se heredan, considerándolas muy valiosas y de evidente prestigio social. Los indios "pueblo" ponen máscaras a sus dioses como lo hacían los mexicanos de la época precolombina.

Desgraciadamente son pocos los datos precisos sobre la historia y el uso de las máscaras en el México prehispánico, pues éstos consisten, principalmente, en relatos de los cronistas españoles que presenciaron varios ritos y ceremonias, algunas danzas cuyo significado e intención quizá no entendieron completamente. La destrucción de los escritos indígenas como lienzos, rollos, mapas, tiras o matrículas denominadas genéricamente "códices" y de los que actualmente sólo existen veintiuno, acabó con la posibilidad de una información auténtica. "Los pocos códices que no fueron devorados por el agua y el sol –señala Garibay– arderían como víctimas de otra conquista, aquí incomprensiva y demasiado tímida." El franciscano Fr. Diego López Cogolludo dice que Fray Diego de Landa, por recelo a la idolatría, hizo juntar en el pueblo de Mani "todos los libros y caracteres antiguos que los indios tenían y quitarles toda ocasión y memoria de sus antiguos ritos, cuantos se pudieron hallar se quemaron públicamente el día del auto y a las vueltas con ellas sus historias de sus antigüedades".

En Los Reyes y Reinas de la Mixteca", Alfonso Caso asevera que "no parece justo, después de haberles quemado sus libros de historia, declaren que no la tenían". Se refiere a los incendios y destrucciones de documentos de los archivos de  Texcoco y el auto de fe de Mani, en donde desaparecieron para siempre la historia de los pueblos prehispánicos.

Sahagún, en su Historia General de las Cosas de la Nueva España, refiriéndose a los atavíos de los dioses y especialmente al de Yáutl-Tlacochealco que es un nombre de Tezcatlipoca, dice:

 

"Su máscara muy adornada
sus piernas veteadas de negro,
lleva un bezote largo como paja,
sus orejeras de oro.
Su tocado largo en forma de caña,
su partidor de plumas de garza con penacho de quetzal.
Su mano de cuerdas con orillas de color rojo.
Su collar de caracoles,
sus campanillas, sus sandalias blancas.
Su escudo con pintura de papel
y en una mano su mirador".

 

Esta vívida descripción poco aporta al conocimiento y a la investigación de las máscaras, pero es ejemplo para no considerarlas por separado, sino en su conjunto, enriquecidas con los atavíos, adornos, pedrería, etcétera. Debe haber sido un espectáculo impresionante y visión única la de este personaje, cuya máscara y atavío lo cubren todo, haciendo desaparecer completamente la personalidad del que la lleva. Contrasta notablemente con los personajes de las tragedias helénicas, ataviados con togas blancas de impecables líneas verticales, y la austeridad plástica de sus máscaras estilizadas con los rasgos inmutables de la tragedia, el dolor y la alegría.

Como dato curioso e histórico, conviene recordar que el uso de las máscaras llegó a preocupar a las autoridades. En España en 1716, se prohibió su uso bajo pena de 1,000 ducados y en 1745 se reiteró y agravó la pena. Durante la Edad Media, la Iglesia Católica las condenó como instrumentos de excesos y orgías, probablemente por los desvaríos cometidos en las carnestolendas. En México, en Bando del año de 1731, el virrey D. Juan de Acuña prohibió el uso de las máscaras no solamente en las fiestas de los españoles, en las carnestolendas y los bailes de máscaras, sino también en las danzas de los aborígenes.  En la prohibición a los nativos, probablemente una de las causas haya sido el desdoblamiento u ocultamiento de la personalidad, por medio de las máscaras acompañado por la influencia del copal y la ingerencia de sotol, tesgüino, pulque y más sutil y profundamente, por el uso de yerbas sagradas como el peyote, la mariguana y los hongos alucinógenos.

Esta página es tan solo una pequeña vista de la antigua tradición de la elaboración de máscaras presente a través de la historia de la humanidad. Actualmente, la elaboración de máscaras está en peligro de desaparecer, junto con muchas otras costumbres indígenas. Durante los pasados 10/15 años, México ha estado luchando  para formar parte de los países del primer mundo. Una mayor y más auténtica Democracia también se desarrolla junto a la consolidación de una economía fuerte, pero un tema importante ha sido soslayado y este es el de la conservación de nuestra Cultura Mexicana. Debemos aprender a nutrir y robustecer cualquiera y toda liga con nuestro pasado. El Siglo XX trajo cambios y tecnologías para el beneficio de la humanidad a pasos agigantados. En alguna parte de este pasado siglo le perdimos la vista a muchos asuntos importantes. Las Culturas Nativas son tan "no-renovables" como los bosques, petróleo y especies animales. Tristemente, ha habido mayor interés en el desarrollo del uso del petróleo que en el desarrollo del cuidado de las antiguas culturas .

Mencionamos a los bosques como un recurso no-renovable porque, debido a su sobreexplotación sin la debida renovación, los bosques están desapareciendo de manera similar a muchas especies animales y el petróleo.

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